Hotel de Benalmádena reabre servicios pese a acumular denuncias

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Hotel de Benalmádena reabre servicios pese a acumular denuncias

El eco de los pasos en los pasillos vacíos resuena más fuerte que la música ambiental. El Hotel de Benalmádena, precintado hace apenas unos días por carecer de la preceptiva licencia de apertura, ha decidido reabrir algunos de sus servicios. Y lo ha hecho pese a arrastrar no solo deudas con proveedores y nóminas sin pagar, sino también un reguero de denuncias que lo colocan en el centro del debate sobre la legalidad, la transparencia y la seguridad de los establecimientos hoteleros en la Costa del Sol.

La reapertura entre sombras administrativas

La gerencia del complejo, rebautizado como ViveMar —antes VistaMar—, insiste en que todo obedece a un mero error administrativo. Un trámite pendiente, dicen. Mientras tanto, los huéspedes se ven obligados a entrar y salir por el aparcamiento, ya que la puerta principal permanece precintada por orden del Ayuntamiento. Un folio impreso, en letras mayúsculas, recuerda que el lugar está “cerrado al público”, aunque lo cierto es que el hotel sigue en funcionamiento.

Lo que queda en entredicho es la importancia de cumplir con las normativas municipales y autonómicas que garantizan que un hotel pueda operar legalmente. La licencia de actividad no es un papel decorativo: es la llave que abre las puertas de la legalidad y, sobre todo, de la seguridad.

Licencias de apertura y seguridad: dos caras de la misma moneda

Un establecimiento hotelero que carece de licencia no solo incurre en sanciones, sino que pone en riesgo la confianza de clientes y trabajadores. La licencia de apertura se obtiene tras cumplir con una serie de requisitos técnicos, de accesibilidad y, muy especialmente, de seguridad contra incendios. Aquí radica la primera enseñanza: ningún negocio puede ni debe ignorar la necesidad de contar con un extintor homologado, revisado y operativo. Este equipamiento no es un adorno, sino una exigencia legal y vital para proteger vidas y bienes.

El papel de los equipos contra incendios en los hoteles

Un hotel es un espacio en el que confluyen centenares de personas en un mismo recinto: familias, trabajadores, turistas extranjeros. El más mínimo conato de fuego, sin los medios adecuados, podría transformarse en tragedia. Por ello, disponer de sistemas de detección, alarmas, hidrantes y, por supuesto, extintores en cada planta, resulta innegociable. De hecho, la legislación española lo contempla como requisito indispensable para autorizar cualquier licencia de actividad.

No se trata únicamente de cumplir con una norma: hablamos de confianza. El turista que llega a un hotel espera seguridad. Saber que, en caso de emergencia, hay un extintor co2 preparado para actuar, puede marcar la diferencia entre un susto y una tragedia.

El Ayuntamiento y la Junta: exigencias inaplazables

El Consistorio de Benalmádena, tras consultar con la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía, confirmó que el ViveMar no figuraba en el registro oficial de alojamientos turísticos. Esa omisión no es un despiste menor: implica que el establecimiento no había completado el trámite legal básico para su funcionamiento. La consecuencia, inevitable, fue el precintado de las instalaciones.

Conviene recordar que abrir un hotel sin licencia de actividad expone a sus responsables a sanciones económicas de calado. Una multa por no tener licencia de actividad puede ascender a miles de euros, además de provocar el cierre inmediato del negocio. Y en casos graves, como el de ViveMar, el daño a la reputación es todavía mayor: titulares en la prensa, quejas de empleados y desconfianza de los clientes.

Los trabajadores, las primeras víctimas

A la maraña de problemas administrativos se suman las denuncias de los trabajadores. Nóminas impagadas, retrasos acumulados y falta de explicaciones han llevado a varios empleados a acudir a la Inspección de Trabajo. No es la primera vez que un hotel en dificultades intenta sobrevivir sacrificando a quienes sostienen su actividad diaria. La hostelería, motor económico de Málaga y de toda Andalucía, no puede permitirse este tipo de prácticas.

Clientes atrapados en una contradicción

Los casi 200 huéspedes que permanecen alojados en el complejo viven una paradoja difícil de digerir: disfrutan de la piscina, de los servicios comunes reabiertos a medias, pero no pueden utilizar la puerta principal. El acceso se reduce a los garajes, custodiados por carteles de “precintado”. Una contradicción visible que refleja la precariedad de la situación legal del hotel.

La seguridad jurídica como pilar del turismo

El caso del Hotel de Benalmádena es un recordatorio incómodo de que el turismo, para ser sostenible, debe construirse sobre bases sólidas: licencias, transparencia y seguridad. La obtención de una licencia de apertura no es una traba burocrática, sino un aval de que el negocio cumple con las condiciones que protegen al cliente. De igual modo, los sistemas contra incendios no son gastos superfluos, sino la inversión más importante que puede hacer un hotel para garantizar su continuidad.

La lección que deja ViveMar

Un hotel que abre sin licencia juega con fuego, y no solo en sentido figurado. La acumulación de denuncias, el precinto policial y la incertidumbre de clientes y trabajadores muestran lo que ocurre cuando la legalidad se ignora. La moraleja es clara: ningún establecimiento debería abrir sus puertas sin cumplir con la normativa, sin contar con los equipos de seguridad homologados y sin tener en regla sus licencias. Porque cada omisión, tarde o temprano, pasa factura. Y en el caso de ViveMar, la factura ya está sobre la mesa.

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