Los aparejadores ven en la declaración responsable una ayuda clave para pequeños inversores
En un país donde los trámites administrativos pueden eternizarse más que la construcción de una catedral gótica, la declaración responsable se ha convertido en algo más que un simple papel: es la llave para que muchos pequeños inversores puedan abrir la puerta de su negocio sin tener que pasar por un viacrucis burocrático. No hablamos solo de papel mojado: hablamos de proyectos reales, de oportunidades, de bares, restaurantes y comercios que esperan su turno en el limbo de las licencias municipales. Y frente a ese escenario, los aparejadores alzan la voz con un mensaje claro: la declaración responsable puede ser una tabla de salvación para muchos ciudadanos que quieren emprender sin morir en el intento.
Declaración responsable: el impulso silencioso del pequeño inversor
La medida pactada por PP y Vox para permitir el inicio de obras mayores con una mera declaración responsable, sin esperar a la licencia urbanística, ha levantado polémica. Pero no todo son sombras. Para los aparejadores, esta posibilidad abre una ventana para el pequeño inversor, ese ciudadano de a pie que quiere reformar un local, abrir un bar o levantar una pequeña edificación sin pasar años atrapado en el atasco administrativo de Urbanismo.
Según el presidente del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Mallorca, Luis Alfonso de León, esta declaración “mete presión a la agilización de las licencias urbanísticas”. No es menor el dato: hay expedientes parados desde hace más de dos años, provocando un bloqueo estructural que asfixia a promotores y emprendedores por igual.
Para quienes estén planificando obras o reformas, resulta imprescindible conocer la figura de la declaracion responsable de obras, una herramienta legal cada vez más utilizada en ciudades como Madrid para agilizar proyectos sin renunciar al control técnico y normativo.
Licencias de actividad y apertura: un freno para la inversión… o no
No se trata únicamente de empezar a construir. En el corazón del asunto están también las licencias de actividad y las licencias de apertura, imprescindibles para que un negocio pueda operar legalmente. La declaración responsable, bien utilizada, permite reducir los tiempos de espera y evitar que el proyecto se enfríe antes incluso de levantar la persiana.
Los aparejadores coinciden en que, pese a las reticencias de algunos sectores más conservadores, esta medida puede suponer un alivio económico, administrativo y hasta psicológico para quienes no tienen detrás una promotora o una entidad financiera respaldando cada paso.
Especialmente en el ámbito de reformas interiores o de licencia obra menor, donde la espera tradicional para una aprobación oficial puede llevar meses, el uso de la declaración responsable permite actuar con agilidad y seguridad jurídica.
Responsabilidad, sí. Pero también oportunidad
Ahora bien, nadie dice que sea un camino exento de riesgos. Tal como advierte De León, con la declaración responsable toda la carga recae sobre el promotor. Si al final de obra el técnico municipal detecta que la realidad no se ajusta a lo declarado, las consecuencias pueden ser devastadoras: desde la paralización del proyecto hasta su demolición parcial o total.
Pero, en palabras llanas, ¿qué alternativa tienen hoy muchos autónomos o pequeños empresarios? La parálisis. El olvido. La renuncia. Por eso, cada vez más municipios apuestan por este modelo que, si bien exige responsabilidad y rigor, también ofrece una vía de esperanza para dinamizar la economía local.
No cumplir con los trámites, eso sí, no es opción. La sanción por abrir un negocio sin licencia puede ser más dolorosa que una reforma mal ejecutada. Por eso es vital tener presente las consecuencias, como se advierte claramente en este artículo: multa por no tener licencia de apertura, que deja claro que emprender sin cubrir los aspectos legales puede salir caro, muy caro.
La trastienda del urbanismo: entre el ‘ja qui som’ y el futuro
Hay también un componente cultural en todo este debate. Como explica el presidente del COAAT de Mallorca, en muchas zonas se ha vivido históricamente con cierta flexibilidad: se empieza una obra y luego se va ajustando, se hacen modificaciones sobre la marcha. Ese modelo, basado en la picaresca o en la flexibilidad post facto, no encaja con una declaración responsable que exige exactitud desde el primer plano.
Así, la medida obliga a ser precisos, claros, previsores. Algo que puede chocar con prácticas tradicionales, pero que también introduce un aire de modernidad y profesionalización en el sector. Un “ya no vale cualquier cosa” que, aunque molesto para algunos, puede ser la base de un urbanismo más justo, más claro y, sobre todo, más rápido.
¿Y qué opinan los constructores?
Curiosamente, los constructores han preferido no pronunciarse. Quizá porque saben que este nuevo escenario plantea un equilibrio delicado: más agilidad, sí, pero también más exigencia. Porque cuando uno puede iniciar una obra sin esperar a la licencia, el margen de error desaparece. Y si algo sale mal, la responsabilidad ya no se puede repartir: recae toda, entera, sin matices, en quien firmó la declaración responsable.
Por su parte, el Col·legi Oficial d’Arquitectes de Balears se mantiene en fase de análisis. La prudencia manda, pero también la urgencia. Porque si no se desbloquea el sistema de licencias, miles de proyectos seguirán esperando en un cajón mientras las ciudades se estancan y las inversiones huyen.
Una herramienta al servicio del progreso (si se usa con cabeza)
Por lo tanto, los aparejadores ven en la declaración responsable una ayuda clave para pequeños inversores, un salvavidas en un mar de trámites que, si se usa con conocimiento y responsabilidad, puede suponer un antes y un después en el mundo del urbanismo español. No es la solución definitiva, pero sí un paso necesario para devolver la confianza a quienes aún creen que abrir un negocio, levantar una obra o rehabilitar un local no debería ser una carrera de obstáculos imposibles.
Lo esencial ahora es formar, asesorar y acompañar. Que nadie firme una declaración responsable a ciegas, pero que tampoco se vea obligado a esperar dos años para cambiar una puerta. Porque cuando se conjugan agilidad, legalidad y buen hacer técnico, los proyectos no solo salen adelante: prosperan.

