Errores que cometen los emprendedores al firmar alquiler sin revisar la licencia

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El entusiasmo no basta para abrir un negocio

Muchos emprendedores inician su aventura empresarial con ilusión y ganas, pero se dejan llevar por ese impulso y cometen errores que les cuestan caro. Uno de los más comunes es alquilar un local sin revisar antes si cumple con los requisitos legales. El local puede parecer perfecto: buena zona, buen precio, recién reformado. Pero si no tiene licencia o no es compatible con la actividad que se va a desarrollar, ese “chollo” se convierte en un dolor de cabeza. Y lo peor: hay contratos firmados, dinero entregado y expectativas en juego. Este artículo es para ti, que estás a punto de lanzarte o ya has firmado algo sin revisar lo esencial.

El local puede ser legal, pero no para ti

Una de las trampas más comunes es pensar que porque un local ya está funcionando o tiene aspecto de estar en regla, todo está correcto. Pero cada actividad económica tiene unos requisitos específicos. Lo que sirve para una papelería no vale para una panadería. Lo que es válido para una oficina puede no servir para un gimnasio. Esto se debe a que las normativas urbanísticas y sanitarias cambian según la actividad. Y eso lo determina la licencia de apertura, el documento que te autoriza legalmente a desarrollar una actividad económica en un local concreto. Sin esa verificación, puedes firmar el alquiler de un sitio que nunca podrá ser usado para tu negocio. Ver más sobre licencia de apertura

Firmar sin saber los costes ocultos

Alquilar un local pensando que solo hay que pagar la renta y decorar un poco es otro error clásico. Muchos desconocen que adaptar un local a la normativa puede suponer una inversión importante. ¿Hay que instalar ventilación extra? ¿Cumple la normativa contra incendios? ¿Necesita insonorización? Todas estas mejoras pueden requerir obras y eso implica permisos, proyectos y dinero. Aquí es donde aparece una duda clave: ¿cuánto me va a costar cumplir con los requisitos técnicos? Saber de antemano el precio del proyecto técnico para licencia de apertura te permite evitar sorpresas desagradables y tomar decisiones con los pies en el suelo. Consulta el precio aquí

La licencia de actividad no es automática

Otro malentendido común es pensar que con alquilar el local, pedir el alta y abrir, ya está todo hecho. Pero no. La licencia de actividad no llega sola, ni de forma automática. Debes presentar una documentación técnica, muchas veces firmada por un profesional cualificado, y esperar el visto bueno del ayuntamiento. Sin eso, no puedes abrir. Y si lo haces, te arriesgas a sanciones o incluso a un cierre forzoso. Cada municipio tiene sus plazos y exigencias. Algunos permiten declaraciones responsables para ciertos negocios, pero eso tampoco te libra de cumplir las condiciones. Infórmate sobre la licencia de actividad

No contar con un técnico desde el principio

Hay emprendedores que intentan ahorrar buscando soluciones por su cuenta. Buscan modelos de documentos, se fían del casero o piensan que con un gestor es suficiente. Pero cuando hablamos de licencias y normativas técnicas, necesitas un arquitecto o ingeniero desde el minuto uno. Un técnico puede visitar el local antes de firmar, detectar si cumple con las condiciones o advertirte de las reformas necesarias. Además, se encargará del proyecto, de la memoria técnica y de tratar con la administración. Contratar a alguien después de haber metido la pata no solo sale más caro, sino que muchas veces no soluciona el problema.

Los contratos que te dejan vendido

Muchos contratos de alquiler comercial no mencionan nada sobre las licencias. O peor: incluyen cláusulas donde el inquilino asume toda la responsabilidad de conseguirla. Esto significa que si luego descubres que el local no puede tener la licencia que necesitas, no puedes reclamar. El propietario se desentiende y tú te quedas con el problema. Antes de firmar, exige que el contrato contemple esta situación. Idealmente, se debe condicionar el alquiler a la obtención de la licencia correspondiente. Así, si no la consigues, puedes romper el contrato sin penalización. Este detalle legal puede salvarte miles de euros.

Elegir el local por emoción, no por viabilidad

Hay locales que enamoran. Tienen encanto, están bien ubicados, son amplios. Pero eso no basta. ¿Tiene salida de humos si vas a montar un restaurante? ¿Tiene baños adaptados si necesitas cumplir con accesibilidad? ¿Se puede usar para la actividad concreta que vas a desarrollar? Muchos locales bonitos son imposibles de legalizar sin hacer obras costosas o directamente no se pueden legalizar. No dejes que la estética o la ubicación te nublen la vista. Consulta primero, ilusiónate después.

Desconocer la normativa municipal

Cada ciudad y cada barrio tiene sus propias reglas. Lo que está permitido en una zona puede estar prohibido en otra. Hay limitaciones de horarios, de tipos de actividad, de ruidos, de publicidad exterior. Por ejemplo, en algunas zonas residenciales no se permiten bares o actividades con música. En otras, hay restricciones para negocios por la protección del entorno histórico. Ignorar esto puede hacer que inviertas en un local para luego descubrir que no puedes abrir. Informarte sobre la normativa local es tan importante como firmar el contrato.

Confiar ciegamente en el propietario

Hay propietarios que aseguran que el local ya tuvo actividad, que antes hubo un negocio similar o que todo está en regla. Pero eso no garantiza nada. Las licencias no son transferibles, y además, pueden haber caducado o no ser válidas para tu actividad. Incluso puede que se hicieran obras sin legalizar. Pedir una copia de la licencia anterior puede ser útil, pero no suficiente. Lo ideal es consultar con un técnico que te dé una visión clara y actualizada. Recuerda que el propietario tiene su interés: alquilar el local. Tú tienes el tuyo: que funcione legalmente.

No prever el tiempo que lleva conseguir la licencia

La burocracia no es rápida. Aunque algunos ayuntamientos permiten abrir con declaración responsable, otros exigen informes previos o inspecciones. El tiempo para conseguir la licencia puede ir de unas semanas a varios meses, dependiendo del municipio, del tipo de actividad y de lo preparado que esté tu expediente. Si alquilas el local pensando en abrir “en quince días”, vas mal. Necesitas tiempo para preparar la documentación, hacer reformas si son necesarias, presentar los papeles y esperar respuesta. Cuanto antes empieces ese proceso, mejor. Pero si firmas sin tenerlo en cuenta, puedes pasarte meses pagando un local cerrado.

Falta de asesoramiento global

Abrir un negocio implica muchos pasos: elección del local, adecuación técnica, trámites administrativos, contratos, seguridad laboral, cumplimiento ambiental, protección contra incendios… Todo está conectado. No sirve de nada cumplir una parte si descuidas las otras. Por eso, contar con una empresa que te asesore de forma integral no es un gasto, sino una inversión. No solo te ayudan a evitar errores, sino que te ahorran tiempo, dinero y disgustos. Es la diferencia entre improvisar y planificar.

Alquilar sin revisar es como saltar sin red

Firmar el alquiler de un local sin revisar su viabilidad legal es como comprar una casa sin mirar si tiene escrituras. Puede que salga bien, pero es una lotería. Y en la mayoría de los casos, no sale bien. Los errores en esta fase se pagan caros: meses de retraso, reformas inesperadas, sanciones e incluso cierre. Por eso, si vas a emprender, hazlo con cabeza. Infórmate, asesórate, y sobre todo, no firmes nada sin tener claro si puedes ejercer la actividad que deseas en ese lugar. Si necesitas ayuda para saber si tu local es válido, para conocer el coste del proyecto o para tramitar la licencia, contacta con profesionales que se dediquen a esto. Tu negocio lo agradecerá.

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