Parque Mediterráneo: vecinos alertan sobre la falta de medidas antiincendios
En pleno siglo XXI, cuando la palabra seguridad debería ser sinónimo de previsión, el barrio de Parque Mediterráneo, en Málaga, se encuentra en el centro de una polémica que lleva años ardiendo —aunque, por fortuna, de forma metafórica—. Los vecinos alertan, con paciencia agotada, de la ausencia de medidas antiincendios eficaces y de la inacción de las autoridades para resolver un problema que, según ellos, podría convertirse en tragedia si el fuego hiciera acto de presencia.
Todo comenzó hace más de un lustro, cuando la Gerencia de Urbanismo proyectó la apertura de un vial que permitiese el acceso de camiones de bomberos y ambulancias entre el Parque del Oeste y las 192 viviendas del complejo de Parque Mediterráneo. Aquel diseño técnico, de apariencia sencilla, se transformó con el tiempo en un ejemplo de burocracia inmóvil. El proyecto sigue durmiendo el sueño de los cajones administrativos.
Un proyecto olvidado en el laberinto urbanístico
En 2016, el Servicio de Extinción de Incendios y Salvamentos del Ayuntamiento de Málaga emitió un informe demoledor: el pasaje ajardinado entre el muro del Parque del Oeste y la primera línea de bloques de Parque Mediterráneo era demasiado estrecho para permitir el paso de vehículos de emergencia. En caso de incendio, sería “imposible acceder con medios de altura” a las fachadas de los edificios. Una advertencia clara, directa y urgente.
La solución parecía tan obvia como necesaria: abrir un acceso para los bomberos, retranquear el muro del parque y dotar el pasaje de hidrantes y farolas. Pero el tiempo, implacable, ha demostrado que entre el papel y la acción hay kilómetros de pasividad. Seis años después, el proyecto sigue detenido, y los vecinos temen que el fuego llegue antes que las máquinas.
Porque lo cierto es que la protección contra incendios hoy día no es un lujo, sino una necesidad. La densidad urbana, los materiales constructivos modernos y el envejecimiento de las instalaciones eléctricas convierten cada edificio en un potencial foco de emergencia. Y en ese contexto, los sistemas básicos —como una bie 45 mm— dejan de ser un mero accesorio para convertirse en una herramienta de supervivencia.
Vecinos en guardia: “no queremos esperar a que ocurra una tragedia”
Javier Millán, portavoz de la Asociación de Vecinos Nueva Realidad, ha pasado años reuniendo documentación, solicitando reuniones y escribiendo cartas al Ayuntamiento. “Nos decían que el proyecto estaba en revisión, luego que era inviable… pero la realidad es que no se ha hecho nada”, lamenta. A su lado, María José García, presidenta de la asociación, asiente con el gesto cansado de quien lleva demasiado tiempo repitiendo el mismo mensaje: la prevención salva vidas.
El recuerdo de un pequeño incendio en 2018, cuando dos palmeras ardieron en el mismo pasaje, sigue presente en la memoria colectiva del vecindario. “Entonces fue poco, pero ¿y si la próxima vez no lo es?”, se pregunta García. “Aquí vivimos familias, mayores, niños. No podemos depender de la suerte.”
Una cuestión de responsabilidad compartida
El informe de 2017 dejó claro que la mitad del terreno es público y la otra pertenece a la comunidad de propietarios, aunque de uso compartido. Esa dualidad, aparentemente inofensiva, ha resultado ser el mayor obstáculo. Mientras el Ayuntamiento señala que no puede actuar sobre terrenos privados, los vecinos replican que el acceso es esencial para todos. Y entre unas y otras manos, el problema sigue sin solución.
En 2019, el proyecto de urbanismo —de más de 600 páginas— valoraba las obras en 732.000 euros y estimaba un plazo de ejecución de ocho meses. Un plan razonable, con presupuesto y objetivo. Sin embargo, nada se ha materializado. Los vecinos denuncian que el expediente permanece olvidado, y que el Ayuntamiento apenas ofrece respuestas evasivas. “No se trata de política”, dice Millán, “se trata de seguridad ciudadana.”
En este punto, la comunidad insiste en que la protección contra incendios no se resume a tener extintores en los portales o alarmas en los pasillos. Implica disponer de accesos, medios técnicos y personal preparado. Es la diferencia entre una evacuación eficaz y una catástrofe. Entre la vida y el desastre.
La ausencia de equipamientos básicos, como las BIE operativa en puntos estratégicos, se convierten en símbolso de una desprotección que ningún ciudadano debería tolerar. El fuego, recordemos, no espera informes ni calendarios electorales.
El eco de otras tragedias recientes
Los vecinos recuerdan con inquietud el reciente incendio en el barrio de La Victoria, que se propagó a varias viviendas en cuestión de minutos. “En cuarenta años no ha pasado nada aquí”, dice Millán, “pero el fuego no avisa. Y si mañana ocurre, ¿cómo entran los bomberos? Mientras llegan, conectan las mangueras y alcanzan el piso, el incendio ya se ha extendido.”
Las palabras de los residentes son más que quejas: son advertencias que las administraciones no deberían seguir ignorando. La normativa es clara, pero su cumplimiento, en demasiadas ocasiones, es una promesa incumplida. El nuevo reglamento contra incendios recuerda precisamente la obligación de garantizar accesos adecuados, hidrantes y sistemas de detección, tanto en edificaciones nuevas como en entornos residenciales consolidados.
La mancomunidad pide respuestas urgentes
Pedro Bayón, presidente de la Mancomunidad de Propietarios de Parque Mediterráneo, vive en uno de los ocho bloques más afectados. Afirma que no conoció la existencia del proyecto de la GMU hasta agosto pasado, y que desde entonces ha solicitado una reunión urgente con Urbanismo. “Queremos saber por qué se considera irrealizable y, si lo es, qué alternativa proponen para permitir el acceso de los bomberos en caso de emergencia.”
Bayón subraya que la evacuación sería prácticamente imposible sin una vía de entrada directa. “No pedimos privilegios”, añade. “Pedimos que se cumpla con el derecho básico de vivir en un entorno seguro.”
La protección contra incendios: el reto del urbanismo moderno
Más allá de este caso concreto, lo que ocurre en Parque Mediterráneo refleja un problema más amplio: la falta de cultura preventiva en nuestras ciudades. España cuenta con una normativa avanzada en materia de seguridad, pero su aplicación práctica sigue siendo desigual. Los municipios afrontan recortes, las comunidades discuten competencias y los proyectos, mientras tanto, se eternizan.
La protección contra incendios hoy día debe entenderse como una inversión, no como un gasto. Cada metro cuadrado bien diseñado, cada sistema de detección, cada hidrante o BIE instalada puede marcar la diferencia en un escenario de emergencia. Y lo cierto es que ningún presupuesto público debería priorizar otras obras mientras haya zonas residenciales sin acceso para los bomberos.
Una llamada a la acción
El caso de Parque Mediterráneo no es solo una denuncia vecinal. Es un espejo que refleja la fragilidad de un sistema que promete seguridad pero entrega lentitud. Los vecinos seguirán insistiendo, y con razón: el fuego no entiende de competencias ni de informes técnicos. Y cuando llega, solo hay dos opciones: estar preparados o lamentarse.
Quizá la historia de este barrio malagueño sirva como recordatorio de que la seguridad contra incendios no se debate: se ejecuta. Porque lo importante, al final, no es el ruido de las llamas, sino el silencio de la prevención bien hecha.

